lunes, 8 de julio de 2013

Dama de corazones (Alma de felicidad masiva II).


Realmente, no sé si es aficionada al póker,
pero sé que conocerla
fue mi mejor premio.


Ella,
ganadora en la partida de la vida,
siempre apuesta por la más alta sonrisa.

Jugadora tan valiente,
que bajo sus mangas
no esconde ases,
sino venas.

Guarda en sus manos
corazones rojos,
desangrados,
y corazones negros,
desvalidos,
cortados por el miedo
que asesinó sus latidos.

Entre ellos está el mío:
el rey de corazones rotos,
al que escribió en el reverso:
nunca te des por vencido.

miércoles, 19 de junio de 2013

Alma de felicidad masiva.

A Raquel,
mi alma de felicidad masiva.


Ella es toda una princesa,
por la que perder la cabeza,
las bragas
y la vergüenza,
e incluso perderme a mí misma
buscando ese maldito zapato
si dice que lo ha perdido
de fiesta en cualquier verbena.

En mis mejores recuerdos
sentada reina
en tu trono de plástico: una silla de Ikea,
luciendo joyas de bolitas y cordeles:
pulseras y cocodrilos rosas, azules y verdes.

Cuando camina por la calle,
convierte en súbditas las retinas;
y de besos se alfombran las esquinas
para que no se arañe cuando pase.

Es de la corte por fuera,
pero por dentro es plebeya:
no entiende de mandatos ni cadenas;
solo quiere volar libre
y que tú vueles con ella.

Y si alguna vez recorta alas,
sentada en cualquier acera,
lo hace porque no hay plumas que valgan,
si no es el corazón el que se eleva.      



Ella es un salvavidas
con el que no me importaría hundirme.


“Ella solo tiene miedo al miedo,
y hasta el miedo
la amaría.”
Carlos Salem


“Que la he visto volar
por encima de poetas
que valían mucho más que estos dedos.”
Escandar Algeet


miércoles, 12 de junio de 2013

Vivir. Con la v de valiente.

A una muchacha de ojos tristes.

-La puta de la vida
te firma con su inicial
la v de valiente
todos sus tatuajes.-



A gritos se rompió el cristalino de tus ojos
y
viste
el
mundo
en
fragmentos,
se congeló la sangre de tus venas
como aristas te perforaron los recuerdos,
y tus manos se vistieron de despojos
para enlazarse con la pena.

El rápido paso del tiempo
se convirtió en una condena perpetua.

Para renacer el miedo
se bautizó en tus lágrimas
con tu nombre y apellidos
y para darte las gracias,
te abrió las entrañas
sin tener que usar cuchillos.

Dejaste de ser tú misma
para engañar a los espejos
y vomitar sonrisas podridas
en un acto reflejo.

Pero no estás sola
estás conmigo,
y juntas podemos elegir
a qué temor pegarle un tiro.

Aunque hayamos caído
podemos levantarnos
la una con la otra
y borrarnos con abrazos
las heridas del camino.

Si dejamos de ver
la luz que destilamos,
podemos frotarnos los ojos
con una estrella para alumbrarnos.

Y si nos entra el miedo
al borde del precipicio,
podemos recordarnos
que más vale tu mano en mi mano
y nosotras dos volando.



lunes, 3 de junio de 2013

Felicidad de alta calidad.

Tal vez no sea la primera mujer del mundo,

pero para alguien es la única.

Ella simplemente estaba,
como están las estrellas allá arriba,
pero aquí abajo,
y he sentido el desconsuelo de las más fugaces
que se han quitado el brillo a mediodía.

Desafiaba al mundo con las manos en alto,
guerrera que carga las metralletas con margaritas,
capaz de guiar contigo al ejército más valiente del mundo,
formado por un par de cadetes,
dos gatos
y tres o cuatro bichos palo.

Con esa sonrisa,
la sonrisa de alguien que espera todo de la vida
mientras simplemente espera a que le saques una foto,
por poco no me enamoro yo y te quito el puesto.

Que no te extrañe,
si en esos ojos he tirado todos los puzzles,
porque nada encaja como sus pupilas con las tuyas.

He visto a la felicidad encerrada en su cara,
sufrir un síndrome de Estocolmo terrible
y no querer salir,
a pesar de los golpes de la vida.

Y la entiendo,
porque renace
cada día
de ese uno para el otro:

Ella,
entre miles de colores,
sobresaliendo en primavera,
y tú,
suspendiendo en el intento
de no hacer su risa eterna
en un instante
pixelado.

domingo, 2 de junio de 2013

El mayo en que asesiné a las flores.

Dedicado a la primavera,
que me coloca malas metáforas en la cabeza
y se deja la belleza tirada por todas partes.


Primavera,
ya no me engañas
ni con todo tu artificio:
ahora ya sé que las amapolas
nacen de pintar a besos
las margaritas muertas
con el rojo de sus labios.

   Lo sé,
 porque asesiné
a todas las que osaron
            decirle
en medio de la duda,
“no te quiere”.


Siempre te (d)escribo con metáforas
en un intento de que la tinta no nos salpique,
como la mierda,
como la sangre,
como la lluvia,
como la vida.

Pero detrás de la aparente calma,
siempre se forja una tormenta,
y en los charcos de la acera,
puedes nadar en un océano.

Y estoy cansada de que todas los diluvios
estallen en mis ojos
en vez de bañarnos en la calle
cuando estemos sin paraguas.

Por eso,
hoy te digo que te quiero.
Y si me mancho escribiendo esto,
mejor,
me comí el mundo
y mereció la pena.

Te quiero,
y quien no lo haga,
que tire la primera piedra…
(con certera puntería a su cabeza)
y me preste el resto
para tropezarme siempre contigo.

Te quiero
en cada segundo
de todo el tiempo del mundo
y en cada milímetro
que no quiero que nos separe.

Te quiero,
cuando sonríes
                                                                 aires

                                                 los

                           por
y me vuelas


aunque

luego


 la caída

                           sea
                                     tan 
                                              libre
                                                       como
                                                                 el
                                                                      vuelo,


o cuando me enseñas de la mano
que volar bajo
 por mí misma
también es volar,
y que el mérito está en despegar del miedo
y no en alcanzar ninguna cumbre.

Desde que te quiero
no soy mejor ni peor persona:
soy yo,
eso que nunca he sido,
con los mismos abismos
y los mismos vértigos
al asomarme a ellos;
soy la misma
pero radicalmente distinta:
soy yo… contigo
y, por tanto, más feliz.

Te quiero,
y si te odio a veces,
es porque te quiero.

Te quiero,
y es solo consecuencia de circuitos neuronales
(incorrectos)
de igual forma
que los colores
que visten la vida
dependen de un flash en la retina.

Te quiero
porque sí,
y no por ser así de simple,
deja de ser hermoso.

Ya no sé,
si te he dicho que te quiero,
porque se me han emborronado las palabras
al salirme a borbotones
del margen establecido.

                                                                                                                    
[Sécate cuando hayas cerrado estas palabras
con un clic o bajo llave,
porque incluso lo bonito,
sin darte cuenta,
te empapa
cuando no quieres mojarte.]

lunes, 13 de mayo de 2013

Funambulismo en tu silencio.

Yo le digo a tu silencio que se vaya,
que se vuelva a la garganta de la que no ha salido,
que hoy no quiero paz,
ni descanso,
ni asilo.

Quiero que me escueza la sal de tus palabras
en mis heridas que nunca se cierran
y que me asuste la fiera encerrada en tu voz
que nunca liberas.

Pero tú sólo me ofreces
este papel de funambulista experta
en las cuerdas vocales de la ausencia
donde yo me columpio sosteniendo unas tijeras.

Córtalas, me digo,
que este mundo mudo,
no está hecho a tu medida,
que si dejas de ahogar penas,
no te importa la caída.

Pero yo nunca me atrevo,
no tengo cualidades de heroína:
yo soy más de atar,
cobarde,
con tu nombre mi sonrisa.

Y de intentar que revivan
uno a uno,
letra a letra,
esos ecos de tu voz ahorcados,
que se pudren bajo tierra.




"Ya verás como me olvidas,
y te encuentro en cualquier bar
pegando saltos de alegría
y me dices que lo nuestro no era lo que merecías..."

miércoles, 10 de abril de 2013

Me rompiste los esquemas.

Para tí, 

que me cuidas como un hermano.


Yo ya había cubierto ese vacío con sueños de niña pequeña
y tú te hiciste sitio en ellos,
en silencio,
sigiloso
como el viento que arrastra las hojas del otoño.

No te conocía, y al día siguiente, sin ti, ya no podía caminar.

¿Recuerdas?

Me agarraba de tu mano en silencio,
mientras mis ojos te gritaban “no me sueltes nunca”.

Aún no sé que pasó esa tarde,
si se alinearon los planetas o directamente dejaron de girar,
pero cuando tus palabras me alcanzaron,
me inundaron con la fuerza de las olas,
chocando contra mis ideas preconcebidas,
erosionando mi mundo gris
y transformándolo en un arcoiris de colores que ni tan siquiera conocía.

A veces me indigno,
porque no llamaste al timbre a ver si estaba,
te deslizaste por debajo de la puerta sonriendo,
como se cuela el 29 de febrero en el calendario.

Me caíste encima,
como la manzana en la cabeza de Newton,
y cuando te sujeté entre mis manos,
me di cuenta de que eras la solución de mis problemas,
pero también la incógnita de otros muchos.

¿Te has visto sonreír?

Al lado de esa sonrisa,
el amazonas no es belleza.

Recojo las gotas de lluvia para que hagan de espejo,
porque el cristal se ha roto en mil pedazos de impotencia,
no hay reflejo que te haga justicia.

No eres de este mundo,
y por más que hago palanca no encajas.

No deberías permanecer aquí,
posible presa de los desengaños de la vida…

Sigues guardando sueños bajo la almohada
para que te los cambien por realidades
y no miras debajo de la cama por si te lleva el coco,
negándote a creer que bajo la almohada también hay pesadillas
y que debajo de la cama solo hay mierda.

Sigues intentando atrapar el océano con las manos,
mientras yo me empeño en sustituirlo por charcos sucios
para que puedas guardarlo en peceras de plástico.

Sigues volando por las calles,
echando carreras a los cantos que ruedan por el suelo,
y parándote en seco cuando me encuentras
para que crea que llevo ventaja.

Eres el arnés que me salva de caer,
la cuerda floja sobre la que me tambaleo
y la soga que me ahorca.

Eres tan libre,
que contigo tengo la sensación
de que aunque te ate con mil nudos,
te irás,
de que en cuanto deje de mirarte y me descuide,
desaparecerás.
Y entonces la que desapareceré seré yo.

Por eso,
las lágrimas secuestraron a la confianza,
y como rescate:
arañé tu forma de ser
y te puse el listón a la altura del infinito.

Y tú,
lejos de pagarme con la misma moneda,
esperabas pacientemente a que recobrara la cordura,
dejándome siempre un rastro que seguir.

Ahora me doy cuenta de que:
si me giro, ahí estás,
si huyo, vas detrás,
siempre duermes con un ojo abierto y otro cerrado
y como un guardián entre el centeno,
vigilas que no me caiga al precipicio.

Eres tan increíble que parece magia,
por eso nunca digo las palabras mágicas en voz alta,
para que nadie conozca el truco
y para que la inquisición viva en la ignorancia.

Deberían conocerte para entenderlo,
para maravillarse de cómo coses heridas sin agujas,
para emocionarse cuando tocas sin las manos.

Pero no se atreven.
Prefieren seguir uniendo puntos,
en vez de salirse del papel.

Y yo me he salido del papel,
lo he convertido en avión,
me he subido en él
y he despegado por la ventana.

Porque contigo.
no hay normas que valgan:
puedes destruirme en un segundo
y al siguiente intentar reconstruirme con tiritas de colores.

Contigo no hay repeticiones,
ni cimientos sólidos.
Contigo, hago un castillo de naipes sobre arenas movedizas.

Eres un trilero,
de esos de la calle,
que esconden un tesoro
y engañan a la gente.
Pero a mí ya no me engañas,
es cuestión de pose,
por dentro eres más blando
que los que lloran con titanic,
y tú eres el tesoro:
te escondes de ti mismo.

A veces eres mi diciembre triste,
o mi mayo enfadado.
A veces te sonrío en noviembre
o te lloro en año nuevo.

Un año llegaste,
sin avisar,
y me rompiste todos los esquemas,
dibujados por el tiempo.

Y yo sola aprendí a quererte así,
como te quiero ahora,
aunque a veces tenga miedo.

Siempre me dejo un  abrazo en el tintero, así que hoy abraza muy fuerte estas palabras.